Morón es Comunicación
Del 3 al 10 de agosto volvimos a la Hacienda Morillo, en Morón de la Frontera (Sevilla) para celebrar una nueva edición de las Vacaciones para jóvenes y adultos con sordoceguera de Apascide.
Sin duda una experiencia más que inolvidable para usuarios y voluntarios.
Hay semanas que terminan cuando volvemos a casa. Y hay otras que se quedan con nosotros para siempre.
Esta semana hemos navegado, disfrutado de la piscina, compartido comidas y barbacoas, recorrido caminos en tractor, salido a cenar y, sobre todo, vivido muchas experiencias juntos.
Pero lo más importante no está en todo lo que hemos hecho, sino en todo lo que hemos compartido, porque cuando la comunicación se convierte en un puente, cualquier forma de expresión puede acercarnos: una palabra, un signo, una mano, un gesto, una sonrisa o una mirada.
Durante estos días hemos encontrado muchas formas de comunicarnos, de participar, de descubrir y de disfrutar.
Como la sordoceguera no impide vivir experiencias, nos invita a encontrar nuevas formas de hacerlo posible.
Nos vamos con la mochila llena de aventuras y el corazón lleno de recuerdos.
Las vacaciones terminan y ya soñamos con el reencuentro del año que viene.





















Estando en la piscina de Morón, me comentó una persona voluntaria de Apascide:
— Me ha dicho una señora: “qué bien les atendéis, que bonito es lo que hacéis.”
Esta persona voluntaria me dijo:
— No creo que sea para tanto, yo no salvo vidas como los bomberos.
Yo respondí:
Los sordociegos que estamos en Morón estamos felices. Para nosotros es como si nos salvarais la vida.
Me contestó:
— De esa manera no lo había pensado.
Las 13 personas que estos días han estado con 12 sordociegos lo han dado todo por nuestro disfrute. Sin ellos esto no sería posible.
Este equipo de personas, desde el primer momento nos han dado cariño, compresión, paciencia, alegría…. Han estado con nosotros en todo momento lidiando con situaciones siempre con una actitud impecable.
Gracias a ellos la semana ha sido maravillosa.
Quiero agradeceros estos momentos.
Gracias, Apascide, por «salvarnos la vida».




















































