Vacaciones para Jóvenes y adultos con sordoceguera de APASCIDE
Hoy hace prácticamente un mes que nos íbamos a las Vacaciones para Jóvenes y Adultos con sordoceguera de Apascide. Y aún siento que llevo en la piel y en el alma todo lo vivido durante esa semana.
Esta experiencia me recuerda cada año el valor de mi trabajo y me recarga de energía de una forma que sólo se entiende estando allí: viendo a los chicos felices, disfrutando de la vida, siendo partícipes de cada momento, de cada actividad, de cada pequeño detalle que los incluía en la frenética sociedad que a veces nos arrolla.
Fuimos 26 personas compartiendo este viaje: 13 personas sordociegas , un equipo de trabajadores, voluntarios, nuestra cocinera y yo como coordinadora. Cada uno aportó lo mejor de sí, pero ellos —los chicos— fueron quienes nos recordaron el sentido de todo lo que hacemos.
Entre la brisa que acariciaba la piel, las manos que buscaban otras manos, las risas que nacían sin necesidad de palabras y los silencios que lo decían todo, entendí que el tiempo puede convertirse en un refugio donde solo existe el presente.
A mis compañeros quiero darle las gracias por dejarse la piel en cada momento, por ser luz en caminos que a veces no se ven, por convertir cada gesto en un puente y cada caricia en un faro. He visto cómo interpretabais el mundo al lenguaje de la ternura, cómo sosteníais el cansancio con la misma firmeza con la que se sostiene una sonrisa, y cómo llenabais el aire de paciencia —que a veces fue mucha— y de entrega sin medida.
Entre juegos, barco, playa, Orgullo Sordociego, cafés (muchos cafés), vocecillas que se nos quedan en el corazón y abrazos, descubrí que lo que hacemos no son solo actividades: son hilos invisibles que nos unen, abrazos que se quedan viviendo en la memoria y pequeñas chispas que iluminan para siempre a quien las recibe.
Cada vez estoy más orgullosa de mi trabajo y de comprobar que, con apoyo, las personas sordociegas pueden estar incluidas en cualquier situación, disfrutando de la vida como cualquiera de nosotros.
Gracias por recordarme la pasión por la que trabajo en esto. Gracias por esta semana y gracias por cuidar como os habéis cuidado, me habéis cuidado y habéis cuidado a los chicos.
Y así, cuando dentro de un tiempo piense en estos días, sé que volverán a mí como ese tatuaje invisible que llevamos todos… uno que no se borra, porque está hecho de alma, de piel y de nosotros.































































